DIDO Y ENEAS (I)
En su largo y accidentado periplo desde la lejana Troya hasta Italia, Eneas y los troyanos supervivientes están por fin a punto de alcanzar las costas de la península, pero la diosa Juno, cruel y pertinaz, los persigue con odio eterno. Estos son sus pensamientos: “¿Voy a desistir ahora, después de tantos años? ¿Voy a dejar que esos troyanos odiosos logren fundar un nuevo reino en los plácidos campos del Lacio? Yo soy reina de los dioses y esposa de Júpiter, no puedo permitir que todos se burlen de mí”.
Juno se dirige a la caverna en la que habita Eolo, dios de los vientos, a los que sujeta unas veces y otras da rienda suelta, volviendo a dominarlos para que, en su furia, no arrastren todos los mares y todas las tierras hasta el cielo.
Así le habla la diosa: “Eolo, a ti te confió mi omnipotente esposo el dominio de los vientos y a ti vengo a pedirte que me ayudes en mi propósito. Un pueblo enemigo mío navega ahora por el mar Tirreno y se dirige a las fértiles praderas de Italia para establecerse de manera permanente. ¡Insufla fuerza a tus vientos y hunde su flota! ¡Haz que choquen unas naves con otras y arroja sus cuerpos al mar! A cambio, te daré como esposa a Deyopea, la más bella de las ninfas, para que sea tu esposa y te haga padre de una hermosa descendencia”. A lo que responde Eolo: “¡Oh, gran diosa!, cosa tuya es saber lo que deseas y cosa mía es acatar tus órdenes”
Después de hablar así, Eolo golpeó con su lanza el costado del hueco monte y los vientos, como ejército en formación de combate, se lanzan y soplan las tierras con su torbellino, caen sobre el mar y lo revuelven desde lo más profundo y lanzan olas gigantescas contra las playas.
En las naves se oyen a la vez los gritos de los marineros y el crujir de la madera, mientras las nubes ocultan el cielo y de pronto el día se vuelve noche tenebrosa. Eneas lanza gritos suplicantes a los dioses, pero un golpe de viento rompe las velas, quiebra los remos, levanta la proa y la nave se vuelve del revés: a unos se los ve en la cresta de una ola enorme, otros quedan bajo el vientre del barco, otros perecen arrojados a los afilados escollos.
Neptuno, alertado por el estruendo de la tempestad, ordena a los vientos cesar en su furia y regresar a su morada. Así les habla: “Marchaos y decid a vuestro rey que suyo es el gobierno de los vientos, pero a mí me corresponde el dominio de mar”
Así habló y, antes de decirlo, ya se aplacó el mar encrespado y, alzando su tridente, dispersa las nubes y vuelve la luz del sol.
…Y en una playa desconocida yacen ahora los restos de los barcos y los cuerpos exhaustos de los supervivientes. Entre ellos, Eneas, su hijo Julo y su fiel compañero Acates.
Junto con Acates, se interna Eneas en un bosque vecino y allí encuentra a una hermosa cazadora que, al verles, les pregunta: “¿Habéis visto a mis compañeras cazadoras que desaparecieron mientras seguían a un jabalí?” Eneas responde: “Ni hemos oído ni hemos visto a ninguna de ellas. Pero dime, muchacha, ¿cómo hemos de llamarte? No tienes rostro de mujer mortal y eres, sin duda, alguna diosa a la que hemos de reverenciar. Somos náufragos y nada sabemos de estas tierras a las que hemos llegado. Dinos, ¿quién gobierna aquí y cuál es la ciudad más próxima?”. Responde ella: “Cerca de aquí está la ciudad de Cartago, fundada por la reina Dido, joven y bella mujer que llegó desde la fenicia Tiro. Si os presentáis ante ella os dará hospitalidad”. Dicho esto, la cazadora desaparece y es entonces cuando Eneas sabe quién era en realidad y clama: “¡Oh, madre divina, eras tú! ¿Por qué siempre te presentas a mí de manera engañosa?”
Eneas y Acates siguen su camino y ya desde lejos divisan la ciudad de Cartago.
Análisis y traducción:
1. Iuno irata est et clamat: “Ego sum regina deorum. Dei et homines me venerant”.
2. Iuno Aeolo dicit: “Est mei pulchra nympha”
3. Aeolus dicit: “Cupidines tui mihi sunt iussus”
4. Aeolus dicit: “Vos, venti, ex spelunca volate et mare agitate!”
5. Aeneas clamat: “Iuno nobis procellam magnam mittit”
6. Venus dicit: “Regina Dido vos auxilium dabit”.
Vocabulario auxiliar:
| Aeolus, -i: | Eolo | Mitto, -is, -ere/misis | Enviar |
| Agito, -as, -are/agitavi | Agitar | Procella, -ae | Tempestad |
| Clamo, -as, -are/clamavi | Clamar, gritar. | Regina, -ae | Reina |
| Cupido, cupidinis | Deseo | Ventus, -i | Viento |
| Iratus, -a, -um | Enfadado, enojado | Spelunca, -ae | Caverna |
| Iuno, Iunonis | Juno | Volo, -as, are/volavi | Volar |
| Iussus, -us | Orden, mandato |
Etimología: el verbo clamare evoluciona al castellano de la siguiente manera:
Clamare > clamar > llamar. Como vemos, se produce el doblete clamar/llamar. Buscamos vocablos en castellano que contengan alguna de las dos raíces: llam- Y clam-
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