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Archivo de Noviembre, 2009

Factores de romanización: el comercio y la red de comunicaciones.

   El comercio fue una actividad económica fundamental para el desarrollo y el progreso en toda la península, pero en especial en la Baetica, por la siguiente razón:

    Esta actividad ya era antigua en la región a la llegada de los romanos: los pueblos béticos llevaban siglos proporcionando materias primas (metales, madera) y productos agrícolas, ganaderos y pesqueros (vino, aceite, salazones, garum) a comerciantes fenicios, púnicos y griegos. La integración en la órbita romana multiplicó la producción y el destino de los productos por todo el mediterráneo e incluso por provincias atlánticas y del interior: se han encontrado, por ejemplo, restos de envases de cerámica fabricada en la Bética en Inglaterra; en Roma hay una colina artificial llamada Testaccio formada con los restos de cerámica procedente, en su mayoría, de la Bética.

 

   Para el auge del comercio fue fundamental el establecimiento de unas rutas por tierra, por mar y, de manera muy significativa, por los ríos. A través de estas rutas no viajaban sólo personas y productos comerciales, también viajaban las informaciones sobre otros pueblos, sobre costumbres y creencias, sobre guerras y catástrofes, sobre grandes personajes… Viajaban también los libros: viajaban las ideas. Los medios de comunicación social eran mínimos: el vehículo fundamental era la información que aportaban los mercaderes, los viajeros y los soldados (mercatores, viatores et milites) y el latín era la lengua común para todos.

 

   Comercio y vías de comunicación forman, pues, un factor civilizador de primer orden y la Bética se vio especialmente favorecida con ello gracias a su riqueza y variedad de productos y a su tradición comercial, hasta el punto de que en la propia Roma se la consideró desde el principio de la conquista y hasta el final del Imperio como la más romanizada de todas las provincias.

 

   Las calzadas. Uno de los factores fundamentales del éxito de un imperio tan centralizado y militarizado como el romano fue la construcción de calzadas (viae) para facilitar el rápido transporte de efectivos militares (en su inmensa mayoría compuestos por soldados procedentes de las propias provincias) que hicieran frente a las frecuentes insurrecciones de los pueblos menos dispuestos a perder su autonomía. La red de calzadas fue tan densa como podemos observar en el mapa de la península: cerca de la mayoría de las ciudades había un campamento romano. Pero, además de soldados, por estas vías se desplazaban personas continuamente. Muchas de estas vías no han desaparecido: sólo han evolucionado hasta convertirse muchos de sus tramos en las modernas carreteras o autopistas. Por toda la geografía española encontramos aún restos originales de estos antiguos caminos.

 

   Las rutas marítimas. Los barcos eran los únicos vehículos de considerables dimensiones, por lo que resultaban indispensables para el comercio. Los romanos crearon nuevas rutas por el atlántico, pero la mayoría de las que había en el Mediterráneo ya habían sido establecidas por griegos, fenicios y cartagineses e, incluso, por culturas más antiguas todavía, como la cretense y la egipcia. Cuando hablamos de rutas nos estamos refiriendo también a lugares concretos de carga y descarga de productos: los puertos. Como los viajes en barco en la antigüedad implicaba no pocos peligros, la navegación era de cabotaje, es decir, se viajaba procurando no perder de vista la costa para repostar o refugiarse en alguno de los numerosos puertos. No obstante, los naufragios y los ataques de piratas eran frecuentes, lo que ha proporcionado a Andalucía una riqueza singular: la enorme cantidad de pecios que hay en sus aguas territoriales.

 

   Las rutas fluviales. Los ríos, imprescindibles para el abastecimiento de agua con destino a la agricultura y la ganadería y para la propia supervivencia humana, fueron siempre, además, vías naturales de comunicación. En sus riberas o en sus cercanías surgían poblaciones que, comunicadas entre sí por el propio curso del agua, iban creando una cultura común. No es de extrañar, por ello, que las primeras grandes civilizaciones surgieran en torno al Nilo, al Tigris y al Éufrates. En Andalucía, el Guadalquivir (Baetis) era navegable desde su desembocadura hasta Córdoba; incluso, en pequeñas embarcaciones, se podía llegar hasta Andújar. Por ello, en sus orillas o cerca de ellas surgieron, antes de la conquista romana, ciudades como Castulo (cerca de Linares), Iliturgi (Andújar), Corduba (Córdoba), Astigi (Écija), Carmo (Carmona) o Hispalis (Sevilla). A través del río viajaban todo tipo de mercancías que difícilmente podían transportarse por vía terrestre, como la madera procedente de los bosques de Jaén que, instalada en balsas, llegaba hasta Córdoba, desde donde partía hacia el puerto de Gades (Cádiz) con destino a Roma. Los productos líquidos como el aceite y el vino se envasaban en ánforas de cerámica, material frágil que por las rústicas calzadas corría peligro de romperse: el transporte en barco era mucho más seguro.

 

 

 

 

 

 

1.- Unos bloques de piedra grandes y bien tallados marcaban los límites de la calzada.

2.- Las piedras miliares indicaban la distancia que había entre ese punto y Roma; de ahí el dicho de que “todos los caminos conducen a Roma”.

3.- Los cimientos de la calzada estaban formados por una gruesa capa de piedras grandes.

4.- Una especie de hormigón, compuesto por piedras pequeñas y cal, formaba la segunda capa.

5.- El núcleo de la calzada era otra capa con piedras y restos de tejas y ladrillos unidos con cal. 

6.- El pavimiento lo formaban grandes losas planas que facilitaban la circulación. Estaba abombado por el centro para evitar los charcos cuando llovía. 
  
Restos de una calzada romana en la provincia de Huelva.

 

 

 

 

Calzada romana en Miranda del Rey (Jaén)

 

 

 

Nave fluvial romana

 

 

 

 

 

 

Repaso de los verbos

 

Verbos irregulares en voz activa:

Eo, is, ire/ii/ivi/itum: ir

Fero, fers, ferre/tuli/latum: llevar

 

Eo: Pres. Subjuntivo

Eo: Perfecto Subj.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eo: Imperf. Subj.

Eo: Pluscuam Subj.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eo: Pres. Imperat.

Fero: Pres. Indicat.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fero: Perfecto Indic.

Fero: Imperf. Indic.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fero: Plusc. Indic.

Fero: Fut. Imperf.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Verbos regulares en voz pasiva:

 

Pendo, -is, -ĕre/pependi/pensum: estimar.

Moveo, -es, -ēre/movo/motum: mover, conmover.

Lenio, -is, -īre/lenivi/lenitum: calmar.

Domo, -as, -āre/domavi/domatum: domar, dominar.

 

Pendo: Futuro perfec.

Pendo: Pres. subj.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pendo: Perfecto. Subj.

Pendo: Imperf. Subj.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Moveo: Pluscuam. Subj.

Moveo: Pres,. Indic.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Moveo: Perfec. Indic.

Moveo: Imperf. Ind.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lenio: Plus. Indicat.

Lenio:Futuro Imperf.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lenio: Futuro perf.

Lenio: Pres. Subjun.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domo: Perf. Subj,

Domo: Imperf. Subj.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domo: Plusc. Subj.

Domo: Pres. Indic.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TIPOS DE MUSEOS

 DEFINICIÓN DE “MUSEO” (R.A.E.):

Institución, sin fines de lucro, abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.

 

 

Generalistas

Exponen objetos de diverso tipo: pinturas, tapices, esculturas, materiales arqueológicos, etc. Por ejemplo: el Museo del Louvre en París.

Pinacotecas

Exponen exclusiva o casi exclusivamente pinturas (del griego pinakoV ). Por ejemplo: el Museo del Prado de Madrid.

Gliptotecas

Exponen exclusiva o casi exclusivamente esculturas (del griego gluptoV). Por ejemplo: el Museo de Escultura de Valladolid.

Arqueológicos

Exponen exclusivamente materiales arqueológicos (del griego arcaioV) o relacionados con la arqueología. Por ejemplo: el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Temáticos

En esta categoría podemos incluir museos que exponen materiales organizados en relación a un tema. Ejemplos: Museo del Bonsai de Marbella; Museo de Artes decorativas de Madrid; Museo del Ferrocarril en Madrid.

FUNCIONES DE UN MUSEO ARQUEOLÓGICO

Adquirir

En todos los museos arqueológicos entran nuevos objetos procedentes de yacimientos del entorno. Cuando el hallazgo de un objeto es especialmente significativo puede ser trasladado a un museo con mayores posibilidades de estudio y restauración. Por eso, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid encontramos piezas procedentes de todas las comunidades autónomas e, incluso, de otros países como Italia, Egipto o Grecia.

Restaurar

La restauración es una técnica muy delicada y muy diferente según el objeto. Si se trata de un vaso de cerámica, por ejemplo, hallado en diversos trozos, se intenta dejarlo lo más parecido a su estado original, pero nunca reconstruyendo las partes que faltan.

Estudiar

El estudio de los materiales nos ofrecen datos sobre las culturas anteriores. Un ejemplo: si en las proximidades de Jerez aparece un casco de guerra griego del siglo -VII, podemos deducir que hubo relaciones entre los antiguos turdetanos y los griegos en esa época, aunque sea indirectamente a través de los fenicios.

Conservar

Cada tipo de objeto necesita una técnica de conservación diferente. Algunos se instalan en vitrinas y a una temperatura adecuada para impedir su deterioro. Todos los museos conservan objetos que no se exponen por diversas razones, pero que son objeto de estudio de los arqueólogos.

Exponer

La exposición es una técnica que intenta mostrar al público de manera didáctica. Estas técnicas suelen ir complementadas con paneles, guías y, especialmente, con salas de medios audiovisuales. Esta función didáctica es, en definitiva, la más importante: se trata de dar a conocer al público un patrimonio que es de todos los ciudadanos.

Dirección de algunos museos interesantes:

Alicante www.marqalicante.com

Barcelona http://www.mac.cat/cat/Barcelona

Tarragona http://www.mnat.es/

Mérida http://museoarteromano.mcu.es/

SEVILLA http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/MASE/

CORDOBA http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/MAECO/

GRANADA http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/MAEGR/

JAÉN http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/MJA/

    MURCIA www.museosdemurcia.com/arqueologicodemurcia

 

CEUTA

http://www.conoceceuta.com/0050-12%20museo%20de%20ceuta%20arqueologia_4.htm

Napoles http://www.marketplace.it/museo.nazionale/

 

http://www.museoarqueologico.webjerez.com/ JEREZ

 

http://man.mcu.es/ MADRID

Museo del Louvre (Paris)

Museo Romano de Tarragona

Museo Arqueológico de Córdoba

Museo Arqueológico de Úbeda

 

Una poesía de Catulo

 

 

Marcus Valerius Catullus: de él nos han llegado 116 poemas recogidos en el libro “Catulli carmina”. El titulado “Vivamus, mea Lesbia” es el número 5, compuesto en los momentos felices de su amor por Clodia, a quien el poeta llama Lesbia en honor de la poetisa griega Safo, nacida en Lesbos, a la que su culta y sensible amada tanto admiraba.

 

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum severiorum

omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt:

nobis, cum semel occidit brevis lux,

nox est perpetua una dormienda.

Da mi basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut nequis malus invidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.
Traducción:

 

Sustantivos de la tercera declinación que aparecen en el texto:

Rumor, rumoris   Sol, solis  
Senex, senis (irreg.)   Lux, lucis  
Assis, assis   Nox, noctis  

 

Latín

Portugués

Castellano

Catalán

Francés

Italiano

Rumano

Lux, lucis

Lumen, luminis

Focus, foci

luz, lumbre, fogo

luz, lumbre,

fuego

llum, foc

Lumiére, feu

Luce, fuoco

lumina

 

 

Singular

Plural

Singular

Plural

Nom

Senex (irregular)

 

Noct-s>nocs>nox

 

Voc

senex

 

 

 

Ac

 

 

 

 

Gen

sen-is

 

noctis

 

Dat

 

 

 

 

Ab

 

 

 

 

 

Análisis y traducción:

Vivamus, Lesbia mea, et amemus et

 

rumores senum dediscamus.

 

 

Soles occidunt et revertunt, sed cum

 

lux hominis semel occidit, nox perpetua

 

advenit.

 

 

Mihi mille basia da.

 

 

 

La cantata “Catulli carmina” está compuesta por Carl Orff (siglo XX) sobre una selección de los poemas de Catulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dédalo e Ícaro

 

 

Teseo, junto con los jóvenes atenienses y la princesa Ariadna, navega de regreso a Atenas: el viento sopla favorable en las velas del barco, el sol brilla espléndido en el cielo y el mar ondulado parece una llanura de azul intenso. El héroe, que dirige el timón junto a la bella muchacha cretense, pregunta a ésta: “Dime, Ariadna: ¿qué fue de Dédalo? Recuerdo que hace muchos años partió de Atenas después de construir en mi ciudad magníficos templos y palacios, y, hasta ahora, nunca ha regresado”. Ariadna responde:

 

  •  
    • Debes saber que, cuando a mi familia y a todos los cretenses les acaeció la triste desdicha del nacimiento de mi espantoso hermano, el Minotauro, mi padre decidió que fuera encerrado en un lugar del que nunca pudiera salir. Para construir un edificio de esas características hizo venir de Atenas al más famoso de los arquitectos griegos, el sabio Dédalo, que llegó a mi reino acompañado de su joven hijo Ícaro. De inmediato se puso a dibujar el plano del Laberinto que ya conoces y en menos de un año ya estaba construido y habitado por el monstruo. Una vez terminadas las obras, en las que trabajaron más de dos mil esclavos traídos de tierras lejanas como Chipre y Egipto, el genial arquitecto pidió que se le pagara en monedas de oro el precio acordado porque quería regresar a su patria. Pero mi padre pensó: “¿Debo dejar partir a este magnífico constructor para que, con su arte inigualable, embellezca a mi enemiga Atenas y a otras ciudades y éstas puedan presumir de mejores edificios que mi poderoso reino?” Por eso, en lugar de dejarlo partir, lo encerró, junto a su hijo, en una alta torre desde donde pudiera diseñar nuevos edificios fabulosos y sorprendentes.

       

    • ¡Ingrato Minos! -dice Teseo- El pago que dio al pobre Dédalo por su trabajo portentoso fue la prisión. Pero dime, ¿aún están encerrados en la torre?.

       

    • No -responde Ariadna-. Desde el mismo día en que fue privado de libertad comenzó a pensar en la manera de salir de la torre y huir de la isla. Cuentan que su hijo le propuso lo siguiente: “Trencemos una soga y podremos deslizarnos desde lo alto de la torre hasta el suelo”. Pero su padre respondió: “Aunque consiguiéramos salir de nuestra prisión, recuerda que estamos en una isla y necesitaríamos una nave que nosotros solos no podríamos manejar. Además, los soldados del rey nos perseguirían y pronto nos encontrarían”. Toda la noche la pasó el sabio buscando una solución que no encontraba, hasta que, al amanecer, un pequeño gorrión se posó en el alféizar de la ventana y, mientras oía sus trinos, llegó a la siguiente conclusión: “Sólo podríamos salvarnos si tuviéramos alas como este pequeño pájaro: sólo así podríamos surcar los aires y regresar volando a nuestra ciudad”. Despertó a su hijo y le ordenó. “Trae las sobras de la cena de anoche”. Ícaro las trajo, él las puso en el alféizar y, al punto, acudieron aves de todas clases que revoloteaban y peleaban por el fácil alimento, de manera que, en sus rápidos y alborotados aleteos, soltaban plumas de diversos colores y diferentes tamaños, hasta que, terminada toda la comida, levantaron el vuelo. Dédalo recogió y guardó las plumas pensando: “Mañana regresarán”.

       

    • ¿Para qué quería tal acopio de inútiles plumas?-preguntó nuestro héroe.

       

    • Si atiendes, lo sabrás -respondió la princesa-, pues lo mismo preguntó Ícaro. Dédalo pidió a sus guardianes que le trajeran velas de cera para poder trabajar de noche pues, según les dijo, es por la noche cuando la inspiración le llegaba. Con ayuda de telas y de las plumas y de la cera derretida construyó dos pares de alas que asió a los brazos de su hijo y a los suyos propios. “Con estas alas -dijo Dédalo- podremos escapar volando de la isla, pero recuerda que no debes volar demasiado bajo, pues la humedad del mar puede despegar la cera; tampoco puedes volar demasiado alto, pues la cercanía del sol la puede derretir”. Así, desde lo alto de la torre saltaron al vacío y, moviendo los brazos como los pájaros, volaron por los aires.

Frederic Leighton (s. XIX) Ícaro y Dédalo

 

  •  
    • Y así escaparon -dijo Teseo.

       

    • Sí -respondió Ariadna-, pero no todo salió bien. El joven Ícaro, embriagado por la velocidad y el delicioso vértigo, comenzó a ascender por los aires, sin atender a las advertencias de su padre. Las plumas de sus alas comenzaron a desprenderse y él, en picado, cayó al mar cerca de una plácida isla y allí pereció. Desde entonces, a la isla la llamamos Icaria. Dédalo, desesperado por la muerte de su hijo, siguió volando sin rumbo hasta que, agotado, puso pie en una lejana playa, cerca de la ciudad de Cumas, y allí, según cuentan, se quedó a vivir y ha construido un fabuloso templo al dios Apolo.

 

Teseo, emocionado por el triste fin de Ícaro, siguió dirigiendo el timón con la mirada puesta en el horizonte a la espera de divisar alguna isla para reponer agua y alimentos. La mirada de Ariadna sólo se dirigía, llena de amor, al apuesto hijo de Egeo.

“La caída de Ícaro”, de Jacob Peter Gowy (s. XVII).

Isla de Icaria, en Grecia.

IPONUBA/BAENA

  
   La ciudad ibero-romana de Iponuba estaba asentada sobre el cerro del Minguillar, muy cerca de Baena (Córdoba). En esta zona sobresalen los hallazgos escultóricos, como una estatua de la emperatriz Livia, esposa de Augusto, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, fechada en el reinado de su hijo, el emperador Tiberio.

   Destaca también una casa de estilo hispano-romano, construida en la segunda mitad del siglo I d.C., que representa uno de los más interesantes testimonios de romanización de las estructuras de habitación que conocemos en Andalucía.

   El arte ibero está bien representando por la leona de época ibérica recuperada en este cerro del Minguillar, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y que constituye uno de los símbolos de Baena.

 

     

Iponuba parvum et opulentum

 

oppidum Baeticae est.

 

 

Incolae Iponubae domos pulchras

 

habebant et templa deis aedificabant.

 

 

Statua leae symbolum Iponubae est.

 

 

In Musaeo Archaeologico Matriti

 

magnam statuam Liviae spectamus.

 

 

 

Vocabulario auxiliar:

aedificare

 

lea

 

Opulentus,-a, -um

 

domus

 

Matritum

 

spectare

 

 

 

 

Recordamos las funciones de los casos y declinamos el sustantivo statua

Caso

Función

 

Singular

Plural

 

 

 

Statua

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Declinamos los sustantivos servus y puer:

Caso

Singular

Plural

Singular

Plural

 

Servus

 

Puer

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Declinamos los sustantivos ager t templum:

Caso

Singular

Plural

Singular

Plural

 

Ager

 

templum

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conjugamos el presente y el imperfecto de indicativo y el presente de imperativo de spectare:

Presente de indicativo

Imperfecto de indicativo

Presente de imperativo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Calificación: Cada subrayado bien analizado y traducido: 0,23 (Máximo: 5; mínimo: 2,5)

Cada columna correcta: 0, 33 (Máximo: 5; mínimo: 2,5)


LEONA IBÉRICA DE BAENA (Museo Arqueológico Nacional, Madrid)

     

     

 

 

 

 

BAETICA-2

 

FACTORES DE ROMANIZACIÓN:

 

3. El urbanismo

 

Las ciudades de culturas que se desarrollaron antes que la romana no se distinguieron precisamente por el orden y la planificación urbanística, sino más bien por lo contrario. Para un extranjero, deambular por una ciudad griega o fenicia suponía un verdadero problema: calles tortuosas, edificios públicos dispersos, malos servicios de agua y mercados, etc.

 

El diseño urbano de las ciudades romanas sigue unas pautas necesarias para el correcto funcionamiento de los servicios públicos y militares.
 
Básicamente, la ciudad romana está compuesta por una serie de módulos iguales, distribuidos ordenadamente -paralelos y equidistantes- y separados por calles. Entre todos forman un conjunto de diseño rectangular que está rodeado por una muralla perimetral con torres de vigilancia. Todas las calles son iguales, excepto dos: la que va del norte a al sur -cardo maximus- y la que va del este al oeste -decumanus-, que son más anchas y que terminan en las únicas cuatro puertas que tiene la muralla.
 
En el cruce de estas dos calles se ubican el
foro de la ciudad y el mercado.
 
Con estos módulos se diseñan los edificios públicos, el
anfiteatro -dos módulos de largo y uno y medio de ancho-, el teatro -un módulo-, el mercado -un módulo-, el conjunto del foro -dos módulos-, etc.
 
Estas normas urbanísticas se desarrollan durante casi 10 siglos, creando las distintas ciudades.
 
Dentro de las ciudades, los tipos de vivienda se dividían en:
casa, domus, la insula y la villa. También existieron las casae o viviendas de esclavos y clases bajas, que por sus precarios sistemas de construcción, hoy han desaparecido. Además aparecieron grandes edificios comunitarios como las basílicas, las termas y los importantes conjuntos socio culturales y religiosos llamados foros. (texto obtenido de http://www.spanisharts.com/arquitectura/roma_urbano.html)

 

En el siglo II d.C., por ejemplo, cualquier ciudadano de Corduba podía pasear por Londinium o por Volubilis y, a ratos, le podría parecer que no había salido de su ciudad.

 

La mayoría de las ciudades fueron “refundadas”, es decir, adaptadas a las necesidades de los habitantes y, en especial, de los colonizadores itálicos que se instalaban en ellas. De esta manera, poblaciones como las actuales Córdoba, Tarragona o Zaragoza fueron romanizadas.


 

LÉXICO

amphiteatrum   insula  
aquaeductus   macellum  
basilica   moenia  
cardo   pomerium  
cisterna   templum  
decumanus   theatrum  
domus   thermae  
forum   turris  

 

¿Quomodo haec verba lingua tua dicis?

Puente romano de Córdoba

 

 

 

BAETICA-1

 

 

Departamento de

LATÍN

BAETICA-1

 

INTRODUCCIÓN: El territorio que los romanos

llamaron Baetica y convirtieron en provincia romana

con capital en laciudad de Corduba toma su nombre

del río Baetis, actualmente Guadalquivir (del árabe

wad-al-Kibir”).

 

No coincide con exactitud el territorio de la Bética, como podemos ver en el mapa, con el de la actual comunidad autónoma de Andalucía: algunas comarcas de las actuales provincias de Jaén, Granada y Almería estaban incluidas en el territorio de la provincia Carthaginiense, con capital en Carthago Nova (Cartagena). Por otra parte, comarcas de las actuales provincias de Ciudad Real y Badajoz y del sur de Portugal estaban incluidas en la Baetica.

 

Como hemos estudiado recientemente, los pueblos de esta provincia y los de Hispania en general estaban muy lejos de ser homogéneos: iberos, fenicios y cartagineses eran los principales habitantes de la costa andaluza y del valle del Guadalquivir. Además, cada ciudad era independiente y tenía su propio gobierno, su territorio, sus costumbres y sus instituciones. El grado de desarrollo económico y cultural era también diferente. Los gobiernos eran más homogéneos: en todas las ciudades había un sistema oligárquico en el que el poder supremo lo ejercía una minoría aristocrática dominante.

 

En el año 297, la provincia estaba dividida, para su mejor administración, en cuatro “subprovincias “ llamadas “conventus” : Cordubensis, Hispalensis, Astigitanus y Gaditanus (éste último ocupaba la administración de todas las ciudades costeras).

 

Alrededor del año 175 a.C. todo el territorio bético había sido conquistado por los romanos, es decir, siglo y medio antes de que finalizara la conquista de toda la península en el 19 a.C. Esto quiere decir que, mientras algunos pueblos del centro y del norte de Hispania apenas habían comenzado a salir de su estado tribal, en las ciudades béticas ya sólo se hablaba latín y la mayoría de sus habitantes eran romanos de pleno derecho, lo que suponía poder ejercer magistraturas de cualquier categoría, incluido el consulado (es decir, el poder ejecutivo en la propia ciudad de Roma). Se está de acuerdo en que, de todas las provincias del Imperio, la Bética fue, aparte de Italia, la más profundamente romanizada.

 

La rápida y profunda romanización del territorio de la Bética se debió a diferentes factores que vamos a comentar:

FACTORES DE ROMANIZACIÓN DE LA BÉTICA:

1. Las riquezas naturales: Para los romanos, la conquista de la Bética fue de gran importancia desde el punto de vista económico, debido a a) las explotaciones mineras que aportaban metales necesarios para la elaboración de múltiples productos, como, por ejemplo, las armas

b) la gran reserva de madera que proporcionaban las sierras andaluzas, que, por entonces, estaban cubiertas de espesos bosques c) la necesidad de importar también productos elaborados de gran consumo, en especial el aceite y el vino, también cereales y, sobre todo, los pescados en salazón y el garum que en las costas andaluzas se producían en gran cantidad siguiendo las técnicas aprendidas de los fenicios. Todo ello impulsó las relaciones comerciales entre romanos y los pueblos béticos, que pronto aprenderían el idioma del invasor.

 

  1. Los intereses de las oligarquías locales: las clases dominantes pactaron inmediatamente con los invasores el sometimiento a las directrices de Roma a cambio de mantener sus privilegios de clase e impulsaron una educación en latín para ellos mismos y para todos los habitantes mediante la creación de escuelas públicas. El latín fue lentamente sustituyendo a las lenguas locales, que acabaron por desaparecer, convirtiéndose pronto en el idioma único. Cuando alguna ciudad no aceptaba el tratado de “amistad” con Roma, era sometida por la fuerza, a veces con gran violencia, como le sucedió a la ciudad ibérica de Astapa (Estepa, Málaga).(Continuará)

                                   

                                                 Situación de la provincia “BAETICA” en el Imperio Romano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las hijas de Nereo

   Las ninfas son divinidades menores femeninas que habitan el campo, los bosques y las aguas. Personifican la fecundidad de la naturaleza. Habitan en grutas y frecuentemente forman parte del cortejo de alguna diosa como Ártemis. Existen ninfas de diversas categorías, según habiten en los bosques, fuentes o el mar. Intervienen en numerosas leyendas y tienen amores con dioses y mortales.

Las nereidas son las ninfas (nymphae) del mar, de las que se conocen más de setenta nombres, todas hijas de Nereo (Nereus), antiguo dios marino que fue relevado en sus funciones por Poseidón (Neptunus), que tomó como esposa a una de ellas, Anfítrite (Amphitrite). Algunas participan en famosas leyendas, como Tetis (Thetis), madre del famoso héroe Aquiles, Galatea (Galatea), de la que se enamoró el cíclope Polifemo, o Yanira (Ianira) que ayudó al héroe ateniense Teseo (Theseus).

Teseo era hijo de Egeo (Aegeus), rey de Atenas, aunque en realidad había sido engendrado por Poseidón (Neptuno). Siendo muy joven se presentó voluntario ante su padre para formar parte de una siniestra expedición: siete muchachos y siete doncellas debían ser enviados al rey Minos de Creta para que sirviesen de alimento al monstruo del Laberinto, el Minotauro. Este tributo de Atenas a los cretenses se había impuesto tras la victoria de Minos en la guerra contra Egeo. Teseo quería formar parte de la expedición con la seguridad de que acabaría venciendo al monstruo y así liberaría de esta ignominia a su ciudad.

Durante la travesía en barco, el rey Minos, que dirigía personalmente la expedición, se enamoró de una de las doncellas y quiso unirse a ella por la fuerza, pero Teseo la defendió. El rey alegó que él era hijo del mismísimo Zeus (Iuppiter) y podía imponer su voluntad, a lo que Teseo respondió que él también tenía origen divino, ya que era descendiente de Poseidón. Incrédulo, Minos arrojó un anillo al mar y le dijo: “Si eres hijo del dios del mar, él te ayudará a encontrar este anillo”. Teseo se sumergió en el mar y nadie esperó que pudiera regresar, por lo que la nave siguió su curso.

Pero en el mar encontró a la ninfa Yanira que le condujo hasta el trono de Anfítrite, quien le entregó el anillo que buscaba y una corona de oro. Teseo volvió a la superficie con el anillo en la mano y la corona de oro en la cabeza y así demostró su condición de héroe de ascendencia divina.

Yanira también formaba parte del cortejo de la hija de la diosa Ceres, Proserpina, cuando ésta fue secuestrada por el dios de los infiernos, Plutón.

Neptunus nymphas et delfinos mittit ut nautis

 

viam monstrent.

 

 

Ianira Theseum ducebat ut anulum aureum

 

in tenebroso fundo pelagi inveniret.

 

 

Aegeus cogitabat: “Utinam filius meus carissimus in Creta Minotaurum vincat

 

et vitas puellarum et puerorum ex morte horrifica solvat!”

 

 

Magister dicebat: “Discipuli, fabulam Thesei magna cum delectatione proxime legamus”.

 

VOCABULARIO:

anulus

 

invenīre

 

aureus

 

mittĕre

 

ducĕre

 

monstrāre

 

fundus

 

pelagus

 

 

EVOLUCIÓN:

 

Los verbos que terminan en -ĕre suelen producir en castellano verbos de la tercera conjugación: mittĕre > “mitir” ducĕre > “ducir”. Pero estos verbos no existen en castellano como simples; encontremos algunos compuestos:

 

mitir”

ducir”

 

 

 

 

¿Cómo evolucionan al castellano los siguientes nombres?:

Aurum

 

Fundus

 

Pelagus

 

 

                Fuente dedicada a las Nereidas en Buenos Aires. Escultora: Lola Mora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teseo en Creta

 

TESEO EN CRETA

 

Cuando Teseo partió de Atenas con el triste cargamento de jóvenes que debían servir de alimento al Minotauro en Creta, su padre, el rey Egeo le había dicho: “Tu nave llevará una vela negra como negras son las lágrimas de las madres angustiadas. Si regresas con vida, cambia la vela negra por otra blanca y yo sabré, al verla llegar, que regresas con vida”.

 

De este modo llegó la nave a Cnossos, capital del reino del cruel Minos, en donde los jóvenes desembarcaron y emprendieron su marcha hasta ser recibidos en palacio. Allí, el propio Minos, acompañado por su esposa, la reina Pasífae, y sus hijas, Ariadna y Fedra, decretó que los muchachos y las muchachas, incluido el propio Teseo, serían entregados uno a uno a las fauces del monstruo.

 

El Minotauro, mitad hombre y mitad toro, estaba recluido en el Laberinto, un edificio con tantas galerías y tantas vueltas y revueltas que era imposible salir de él. Allí eran introducidas las víctimas para ser devoradas.

 

Teseo pidió ser el primero en entrar, a lo que accedió el rey. La belleza y el valor del héroe conmovieron profundamente a Ariadna, que decidió ayudarlo: en secreto, entregó a Teseo una espada y un ovillo de hilo que, atado a la entrada , debía ir desenrollando para encontrar la salida.

 

Con la espada y el hilo escondidos entre sus ropas, Teseo entró en el Laberinto. A cada paso que daba aumentaba la oscuridad. El silencio era total hasta que, de pronto, comenzó a escuchar a lo lejos unos resoplidos como de toro. El ruido era cada vez mayor. Por un momento sintió deseos de escapar. Pero se sobrepuso al miedo e ingresó en una gran sala. Allí estaba el Minotauro

 

Era tan terrible y aterrador como jamás lo había imaginado. Sus mugidos llenos de ira eran ensordecedores. Cuando el monstruo se abalanzó sobre Teseo, éste pudo clavarle la espada. El Minotauro se desplomó en el suelo. Teseo lo había vencido, como así se lo había prometido Poseidón.

 

Luego, enmadejando de nuevo el ovillo, llegó a la puerta del Laberinto y allí le esperaba Ariadna. La noticia corrió por toda la ciudad: Teseo había matado al monstruo.

Cuando Minos supo lo que había ocurrido, sintió un gran alivio: él detestaba al monstruo porque éste había nacido de los amores de su propia esposa con toro, como castigo decretado por la diosa Afrodita. Así que ordenó que todos los jóvenes atenienses fueran liberados y que regresaran en paz a su patria. Junto con ellos partió Ariadna, profundamente enamorada de Teseo. Éste, durante la travesía, preguntó a la bella princesa cretense: “¿Quién construyó el espantoso Laberinto?”. Ella le respondió: “¿No conoces la leyenda del sabio Dédalo? Deberías saber que este arquitecto era compatriota tuyo”. Y, a continuación, le narró la historia de Dédalo y de su desdichado hijo Ícaro.

Nombres propios:

Castellano

Latín

Castellano

Latín

Ariadna

Ariadna, -ae

Minos

*Minos

Cnossos

Cnossus, -i

Minotauro

Minotaurus

Fedra

Phaedra, -ae

Pasifae

Pasiphaa, -ae

Laberinto

Labyrinthus, -i

Teseo

Theseus, -i

 

[TESEOMINOTAURO.jpg]

                                        Teseo y el Minotauro. Dibujo de Antonio Riego.