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“HISTORIAS” DE HERODOTO.
El mayor interés del libro de Herodoto es la descripción de las costumbres de los diversos pueblos que recorrió y conoció. Como ejemplo, leeremos el relato que hace de la vieja costumbre de los egipcios de embalsamar a los muertos. Esta costumbre se debía a un auténtico ansia de alcanzar la inmortalidad. Y, en cierto modo, lo consiguieron: podemos encontrar momias egipcias con miles de años de antigüedad en los museos del actual Egipto y de muchas ciudades de Europa, incluidos el Arqueológico Nacional de Madrid y el Museo de Are Egipcio de Barcelona. Veamos, pues, lo que nos cuenta el autor:
Cuando en una casa muere una persona, todas las mujeres se untan con barro la cabeza y a veces también la cara, y después dejan al muerto en casa y dan vueltas por la ciudad golpeándose el pecho, arremangadas y mostrando los senos, y con ellas todas las mujeres parientes; por otro lado, los hombres también se dan golpes de pecho. Y cuando han cumplido estos ritos, entonces se llevan el cuerpo para embalsamarlo.
Hay gente establecida para este trabajo y que ejerce este arte. Estas gentes, cuando les llevan un cadáver, muestran a quienes se lo han traído modelos de muertos en madera, pintados al natural. Y dicen que el embalsamamiento mejor es el de aquél cuyo nombre no se menciona; luego muestran el segundo tipo, inferior al primero, y después el tercero, que es el más barato. Dadas estas explicaciones, preguntan a los clientes de qué manera quieren que se les prepare el muerto. Entonces los clientes acuerdan un precio y se retiran, y los embalsamadores se quedan en su taller y de la manera que sigue se ponen a embalsamar con sumo cuidado.
Primero, con un gancho de hierro extraen el cerebro por las ventanillas de la nariz, en parte por acción del hierro y en parte gracias a fármacos que vierten en la cabeza. Entonces, con una piedra cortante hacen una incisión a lo largo del flanco y sacan todos los intestinos, que limpian y purifican con vino. Después llenan el vientre con mirra pura, canela y toda clase de aromas, y lo vuelven a coser. Y hecho esto salan el cuerpo con natrón durante setenta días.
Cuando ha transcurrido setenta días, limpian el muerto y envuelven todo el cuerpo con vendas cortadas de una tela de lino muy fino, untándolas por debajo con goma. Entonces los parientes recogen el cuerpo, encargan una caja de madera en forma de hombre; y cuando la tienen hecha, meten en ella el muerto, la cierran y así la guardan en una cámara funeraria, donde la colocan derecha contra el muro. Así preparan los cadáveres de la forma más cara.
(Herodoto, Historias, cap. 85)