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Archivo de la Categoría ‘Ejercicios para 1º’

BRIGANTIUM = A CORUÑA = LA CORUÑA

Probablemente fue a mediados del siglo I a. C. cuando se produjo un pequeño asentamiento romano en la Ciudad Vieja, seguramente de nueva planta y destinado a servir de base a las comunicaciones marítimas con esta región. La ciudad romana se situaba en la parte sur de la península, la más abrigada, donde hoy se encuentran la Plaza de María Pita. La población fue creciendo hacia la Plaza de Azcárraga y la necrópolis hacia los Cantones. En donde está hoy la iglesia de Santiago había un templo donde se veneraba a Neptuno. Sus habitantes comerciaban con ánforas, pescaban y mariscaban. Tenían cerdos, ovejas, cabras y gallinas. Molían cereales con molinos manuales circulares.

A partir del viaje de César en el año 61 a. C. aumentó considerablemente el tráfico marítimo y el papel de este enclave. No se conoce con exactitud el papel de Brigantium (así se llamaba la población) en las guerras cántabras que Roma libró contra los indígenas. Seguramente la integración de los pueblos de esta zona en el mundo romano fue relativamente pacífica. De esa sociedad galaico-romana nació verdaderamente la Galicia histórica, Gallaecia.

Los romanos construyeron un gran faro: un edificio de más de treinta metros de alto, con tres pisos, planta cuadrada en la que se cruzan dos muros de 1,5 ms de grueso creando en cada piso cuatro estancias comunicadas de dos en dos. Señalaba la presencia de la ciudad y vigilaba la ruta de las naves que se dirigían a las Islas Británicas. Hoy se conoce como “la torre de Hércules”, patrimonio de la Humanidad desde 2009.(Texto procedente de una excelente página dedicada a la historia de La Coruña : http://www.terra.es/personal/alourog/index.htm)

Brigantium est parvum oppidum in parva paeninsula quod nomen a Briga, vocabulo Celta, accipit. Hoc vocabulum, quod in lingua Latina “oppidum” esset, in multis oppidis Celtis et Celtiberis Hispaniae inveniemus: Segobriga, Mundobriga, Conimbriga, Flaviobriga, Mirobriga, Briga et cetera.

Forsitan Augustus copiam rei

frumentariae et hordei, praeterea equis

pabuli, ex Gallaecia acciperet, dum

bellum longum et terribile cum

Cantabris et Asturibus faciebat.

 

Cantabri fines suos magna cum fide

defendebant.

 

Imperator militibus quietem quinque

dierum concedit.

 

Parva erat spes praedae quod incolae

harum regionum parvas divitias

habebant.

 

Torre de Hércules en La Coruña

Castillo de San Antón y Museo ArqueológicoPlaza de María Pita

Puerto deportivo de La Coruña

Vocabulario auxiliar:

Accipio, -is, -ere   Pabulum, -i  
Divitiae, -arum   Praeda, -ae  
Equus, -i   Praeterea (adv)  
Forsitan (adv)   Quies, quietis  
Hordeum, -i   Quinque  
Invenio, , -is, -ire   Vocabulum, -i  

Del latín al castellano:

equum>equu>equo>eguo>ieguo>*yeguo (se usa sólo en femenino = yegua) Conjunto de caballos = yeguada. Cultismos: equino, equitación.

 

EGEO

 

 

 

Mitos y leyendas

 

Departamento

de Latín

 

LECTURA:

EGEO

 

Análisis y traducción de frases

 

La nave ateniense se alejaba de la isla de Naxos. Teseo, desde la popa, divisaba todavía las ondulaciones de sus colinas y en su pensamiento se había instalado la tristeza: pensaba en la desdichada Ariadna y rogaba a los dioses para que la protegieran y le concedieran un feliz destino. Luego recordó a su padre.

 

  •  
    • ¡Qué gran noticia le llevo! - pensaba -. Al fin se libera mi patria de la cruel matanza de jóvenes y doncellas. ¿Cómo estará en estos momentos mi querido padre? En su corazón lucharán la esperanza y la desesperación. Pero pronto sus ojos derramarán lágrimas de alegría.

 

En esos momentos Egeo se encontraba, como todos los días, desde el amanecer hasta la caída del sol, sentado al borde de un acantilado divisando el horizonte del mar, a la espera de ver la llegada de la nave. A su pensamiento también acudían imágenes del pasado. Recordó cómo la ciudad de Atenas crecía próspera y feliz bajo su reinado, cómo crecía también su prestigio en toda Grecia y las excelentes relaciones que mantenía con el reino de Creta y con su rey Minos. Recordó igualmente aquellos juegos deportivos que se celebraron en honor de la diosa Atenea y en los que participó Androgeo, hijo mayor del rey cretense.

 

Los juegos habían comenzado con las carreras pedestres y Androgeo las ganó todas, recibiendo numerosos trofeos. Ganó también la lampadedromía, carrera de relevos en la que participó junto con tres compañeros cretenses y en la que el testigo era una antorcha en recuerdo del fuego que el titán Prometeo había entregado a los hombres para que éstos progresaran y crearan una cultura semejante a la de los dioses. Hubo luego lanzamientos de disco y de jabalina y de nuevo Androgeo demostró ser el mejor de todos los competidores. Cuando los juegos terminaron, los jóvenes atletas atenienses hablaron con Egeo:

 

  •  
    • No es justo, rey, que un extranjero nos arrebate todos los trofeos. Estos juegos deben ser convocados para que compitamos sólo los atenienses después de prepararnos durante un año completo y demostrar nuestra bravura en el deporte y nuestra preparación patriótica para la guerra. Si los premios se van a otras tierras, ¿con qué espíritu de lucha vamos a entrenarnos y cuál será nuestra fama de perdedores en las ciudades enemigas? Androgeo no debe volver a competir en nuestros juegos.

 

Preocupado por las quejas de los jóvenes, Egeo meditaba la manera de atender a sus ruegos sin causar enfado a su buen amigo Minos, que vería con malos ojos que a su hijo se le prohibiera volver a competir. Entonces tomó la siguiente decisión: durante la ceremonia de entrega de trofeos, en la que alabó la gran bravura y el espíritu competitivo de Androgeo, le animó a enfrentarse a un gran toro gigantesco que nadie había logrado dominar y causaba grandes estragos entre los viajeros, cerca de la llanura de Maratón. Androgeo aceptó el reto, pero perdió la vida en su enfrentamiento con la gran bestia.

 

Los compañeros del desdichado Androgeo recogieron su cuerpo inerte y lo condujeron a Cnossos, en donde su padre Minos le rindió honras fúnebres y preparó un gran ejército para invadir Grecia y destruir la ciudad de Atenas como venganza por la muerte injusta de su hijo. La noticia llegó a oídos de Egeo, que se preparó también para defenderse de la invasión del invencible Minos. Consiguió Atenas el apoyo de otras ciudades griegas, entre ellas Mégara. Y hacia Mégara dirigió su flota el rey cretense, ciudad en la que vivía una antigua amante suya, la bella Escila. Los dioses habían predicho que esta ciudad jamás sería vencida mientras su rey conservara en su cabeza un cabello de oro: Escila, su hija, cortó el cabello y Mégara fue tomada y masacrada cruelmente por Minos. Luego, Atenas, asediada por un inmenso ejército, se rindió a Minos y éste puso como condición para no destruirla que cada año entregarían al minotauro a siete efebos y siete doncellas para alimento del monstruo. Aceptada la condición, Minos regresó a Creta y con él Escila, que no fue premiada, sino castigada por su terrible traición: fue atada a la proa del barco y así hizo hizo la travesía hasta la isla, a donde llegó muerta.

 

Todos estos recuerdos pasaban por la memoria de Egeo mientras divisaba desde lo alto la línea del mar a la espera de la llegada de la nave de Teseo. Por fin un día, poco después del amanecer, una vela negra comenzó a dejarse ver en lontananza y se acercó rápidamente hacia la costa. El rey reconoció la nave y no tuvo duda de que el color de aquella vela anunciaba lo peor: los jóvenes habían perecido y, con ellos, su único hijo y sucesor. Su dolor fue tan grande que no pudo resistirlo y se dejó caer al mar desde lo alto del acantilado, antes de que pudiera observar cómo Teseo y sus compañeros arriaban el negro lienzo para izar uno de color blanco inmaculado. Desde entonces, aquella parte del Mediterráneo se llama Egeo en recuerdo del rey de Atenas.

 

Léxico: algunos nombres propios:

 

Androgeus, -i

 

Megara, -ae

 

Athenae, -arum

 

Scylla, -ae

 

 

 

 

 

Navis Atheniensis cum iuvenibus

 

virginibusque ab insula discedit dum

 

tristitia cor Thesei invadit.

 

 

Aegeus ex altis scopulis adventum

 

navis expectabat.

 

 

Ex nomine regis Atheniensis nomen

 

mari Aegeo damus.

 

 

Utinam pulchras insulas maris Aegei

 

tandem cognoscerem!

 

 

 

Vocabulario auxiliar:

 

Adventus, -us

 

Invado, -is, -ĕre

 

Atheniensis, -e

 

Iuvenis, -e

 

Cor, cordis (n)

 

Nomen, nominis

 

Discedo, -is, -ĕre

 

Tandem (adv.)

 

Expecto, -as, -āre

 

Tristitia, -ae

 

 

 

Ejercicio de etimología:

 

Adventus  

 

Cor  

 

Iuvenis  

 

 

El mar Egeo

Isla de Mykonos, en el Egeo.

 

EL LAMENTO DE ARIADNA

 

 

                

                   Mitos y leyendas

 

Departamento

de Latín

 

LECTURA:

El lamento de Ariadna

 

Análisis y traducción de frases

 

Una vez que Ariadna terminó de narrar a Teseo la huida de Dédalo y el final del desdichado Ícaro, ya la noche había cubierto el cielo con su manto negro como negra era la vela del barco que conducía en feliz regreso a los jóvenes. El héroe dejó el timón a uno de ellos y, acompañado de la bella muchacha cretense, se retiró a dormir.

 

Al amanecer, cuando apenas la dulce Eos (en latín, Aurora) había comenzado a extender sus dedos azafranados, el gobernalle lanzó un grito lleno de alegría: “¡Tierra!”. Al punto despertaron todos, salvo Ariadna, que permanecía en vela contemplando el plácido reposo de su amado. Acudieron a proa y pudieron divisar las suaves colinas de la isla de Naxos.

 

  •  
    • Aquí podremos encontrar agua y víveres para el resto de la travesía -dijo Teseo y ordenó a las doncellas que prepararan las hidrias ya casi vacías y a los jóvenes que dispusieran sus arcos y sus flechas para cazar algunas presas que proporcionaran carne. Comprobó que en las ánforas aún quedaba suficiente aceite del que les habían proporcionado en Creta.

 

Cuando llegaron a la playa y posaron junto a la arena la nave, se dirigieron todos hacia un pequeño bosque en donde fluía un arroyo de agua dulce, en donde las mujeres llenaron las hidrias, mientras los jóvenes se adentraron subiendo una colina en donde pronto divisaron un jabalí que, al notar su presencia, se lanzó a la carrera para huir, pero una certera flecha de Teseo le atravesó el cuello, mientras otro grupo pudo dar caza a un cervatillo.

 

A Teseo le pareció que ya tenían agua y comida suficiente para llegar al Ática, pero todos pidieron permanecer unas horas más en aquella hermosa playa disfrutando de la luminosa mañana y de juegos, carreras y competiciones de natación. Ariadna, sin embargo, que no había dormido en toda la noche, buscó la sombra de una gran roca y sobre ella se tendió para sumergirse, de inmediato, en un profundo sueño. Mientras estuvo entregada a los brazos de Morfeo, en su imaginación se encontró a sí misma participando de los juegos y la alegría de los demás jóvenes, siempre junto a Teseo, que le sonreía feliz y enamorado. Y así, sonriendo ella también, despertó descansada y buscó a su amado. Pero éste no estaba a su lado. Se incorporó y dirigió su mirada a la playa en donde se divertían los demás. Pero ellos no estaban allí. Miró en todas las direcciones, pero parecía que todos habían desaparecido como por arte de magia. Se lanzó entonces a la carrera en dirección a la nave, pero pronto se detuvo en seco: la embarcación tampoco estaba allí. Gritó una y otra vez llamando a Teseo, pero la única respuesta era el sonido de las suaves olas al morir sobre la arena. Corrió de nuevo hacia la colina y desde allí pudo divisar la negra vela que, alimentada por la brisa, dirigía a los atenienses hacia su añorada patria. Se sentó con la mirada fija en el horizonte marino hasta que la nave desapareció. Entonces su lamento largo y prolongado llenó de música triste la soledad de un paisaje desierto bajo la luz de sol abrasador en una isla perdida en medio del mar:

 

¡Teseo!... ¡Teseo!... ¡Óyeme!... ¡Teseo! 
¡Ay de mí, deliro!
Las olas y el viento 
lo alejaron para siempre de mi vista. 
¡Ah, sois injustos, oh dioses,
si no castigáis al traidor! 
¡Ingrato! ¡Ingrato!...
¿Por qué te traje de la muerte? 
¿Por qué debiste traicionarme? 
¿Y la promesa?... ¿Y tu juramento? 
¡Perjuro!... ¡Infiel!
¿Tienes corazón para dejarme?...
¿En quién podré confiar?
¿De quién esperar compasión? 
Ya no resisto más, mis piernas tiemblan 
y, en tan amargo instante, siento en el pecho
desfallecer mi alma temblorosa.
(Aria de una cantata compuesta por Joseph Haydn con el título de "Ariadna en Naxos")
Análisis y traducción de frases:

 

1. In nave nautae omnes sub levi lumine stellarum dormiebant.

2. Aurora croceis digitis suis caelum et mare et terram illuminat et subito gubernator clamat: "¡Terram video!"

 

 

3.Dum Theseus et comites sui cibum quaerent, virgines cum hydriis aquam colligunt.

 

 

4. Ariadna ex colle deis clamabat: "Crudelem Theseum punite!"

 
"El sueño de Ariadna", por John Vanderlyn (Estados Unidos, siglo XIX)

Ariadne in Naxos 1877

Evelyn Pickering De Morgan

English Pre-Raphaelite painter born possibly in 1850 - died 1919

Factores de romanización: el comercio y la red de comunicaciones.

   El comercio fue una actividad económica fundamental para el desarrollo y el progreso en toda la península, pero en especial en la Baetica, por la siguiente razón:

    Esta actividad ya era antigua en la región a la llegada de los romanos: los pueblos béticos llevaban siglos proporcionando materias primas (metales, madera) y productos agrícolas, ganaderos y pesqueros (vino, aceite, salazones, garum) a comerciantes fenicios, púnicos y griegos. La integración en la órbita romana multiplicó la producción y el destino de los productos por todo el mediterráneo e incluso por provincias atlánticas y del interior: se han encontrado, por ejemplo, restos de envases de cerámica fabricada en la Bética en Inglaterra; en Roma hay una colina artificial llamada Testaccio formada con los restos de cerámica procedente, en su mayoría, de la Bética.

 

   Para el auge del comercio fue fundamental el establecimiento de unas rutas por tierra, por mar y, de manera muy significativa, por los ríos. A través de estas rutas no viajaban sólo personas y productos comerciales, también viajaban las informaciones sobre otros pueblos, sobre costumbres y creencias, sobre guerras y catástrofes, sobre grandes personajes… Viajaban también los libros: viajaban las ideas. Los medios de comunicación social eran mínimos: el vehículo fundamental era la información que aportaban los mercaderes, los viajeros y los soldados (mercatores, viatores et milites) y el latín era la lengua común para todos.

 

   Comercio y vías de comunicación forman, pues, un factor civilizador de primer orden y la Bética se vio especialmente favorecida con ello gracias a su riqueza y variedad de productos y a su tradición comercial, hasta el punto de que en la propia Roma se la consideró desde el principio de la conquista y hasta el final del Imperio como la más romanizada de todas las provincias.

 

   Las calzadas. Uno de los factores fundamentales del éxito de un imperio tan centralizado y militarizado como el romano fue la construcción de calzadas (viae) para facilitar el rápido transporte de efectivos militares (en su inmensa mayoría compuestos por soldados procedentes de las propias provincias) que hicieran frente a las frecuentes insurrecciones de los pueblos menos dispuestos a perder su autonomía. La red de calzadas fue tan densa como podemos observar en el mapa de la península: cerca de la mayoría de las ciudades había un campamento romano. Pero, además de soldados, por estas vías se desplazaban personas continuamente. Muchas de estas vías no han desaparecido: sólo han evolucionado hasta convertirse muchos de sus tramos en las modernas carreteras o autopistas. Por toda la geografía española encontramos aún restos originales de estos antiguos caminos.

 

   Las rutas marítimas. Los barcos eran los únicos vehículos de considerables dimensiones, por lo que resultaban indispensables para el comercio. Los romanos crearon nuevas rutas por el atlántico, pero la mayoría de las que había en el Mediterráneo ya habían sido establecidas por griegos, fenicios y cartagineses e, incluso, por culturas más antiguas todavía, como la cretense y la egipcia. Cuando hablamos de rutas nos estamos refiriendo también a lugares concretos de carga y descarga de productos: los puertos. Como los viajes en barco en la antigüedad implicaba no pocos peligros, la navegación era de cabotaje, es decir, se viajaba procurando no perder de vista la costa para repostar o refugiarse en alguno de los numerosos puertos. No obstante, los naufragios y los ataques de piratas eran frecuentes, lo que ha proporcionado a Andalucía una riqueza singular: la enorme cantidad de pecios que hay en sus aguas territoriales.

 

   Las rutas fluviales. Los ríos, imprescindibles para el abastecimiento de agua con destino a la agricultura y la ganadería y para la propia supervivencia humana, fueron siempre, además, vías naturales de comunicación. En sus riberas o en sus cercanías surgían poblaciones que, comunicadas entre sí por el propio curso del agua, iban creando una cultura común. No es de extrañar, por ello, que las primeras grandes civilizaciones surgieran en torno al Nilo, al Tigris y al Éufrates. En Andalucía, el Guadalquivir (Baetis) era navegable desde su desembocadura hasta Córdoba; incluso, en pequeñas embarcaciones, se podía llegar hasta Andújar. Por ello, en sus orillas o cerca de ellas surgieron, antes de la conquista romana, ciudades como Castulo (cerca de Linares), Iliturgi (Andújar), Corduba (Córdoba), Astigi (Écija), Carmo (Carmona) o Hispalis (Sevilla). A través del río viajaban todo tipo de mercancías que difícilmente podían transportarse por vía terrestre, como la madera procedente de los bosques de Jaén que, instalada en balsas, llegaba hasta Córdoba, desde donde partía hacia el puerto de Gades (Cádiz) con destino a Roma. Los productos líquidos como el aceite y el vino se envasaban en ánforas de cerámica, material frágil que por las rústicas calzadas corría peligro de romperse: el transporte en barco era mucho más seguro.

 

 

 

 

 

 

1.- Unos bloques de piedra grandes y bien tallados marcaban los límites de la calzada.

2.- Las piedras miliares indicaban la distancia que había entre ese punto y Roma; de ahí el dicho de que “todos los caminos conducen a Roma”.

3.- Los cimientos de la calzada estaban formados por una gruesa capa de piedras grandes.

4.- Una especie de hormigón, compuesto por piedras pequeñas y cal, formaba la segunda capa.

5.- El núcleo de la calzada era otra capa con piedras y restos de tejas y ladrillos unidos con cal. 

6.- El pavimiento lo formaban grandes losas planas que facilitaban la circulación. Estaba abombado por el centro para evitar los charcos cuando llovía. 
  
Restos de una calzada romana en la provincia de Huelva.

 

 

 

 

Calzada romana en Miranda del Rey (Jaén)

 

 

 

Nave fluvial romana

 

 

 

 

 

 

Una poesía de Catulo

 

 

Marcus Valerius Catullus: de él nos han llegado 116 poemas recogidos en el libro “Catulli carmina”. El titulado “Vivamus, mea Lesbia” es el número 5, compuesto en los momentos felices de su amor por Clodia, a quien el poeta llama Lesbia en honor de la poetisa griega Safo, nacida en Lesbos, a la que su culta y sensible amada tanto admiraba.

 

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum severiorum

omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt:

nobis, cum semel occidit brevis lux,

nox est perpetua una dormienda.

Da mi basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut nequis malus invidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.
Traducción:

 

Sustantivos de la tercera declinación que aparecen en el texto:

Rumor, rumoris   Sol, solis  
Senex, senis (irreg.)   Lux, lucis  
Assis, assis   Nox, noctis  

 

Latín

Portugués

Castellano

Catalán

Francés

Italiano

Rumano

Lux, lucis

Lumen, luminis

Focus, foci

luz, lumbre, fogo

luz, lumbre,

fuego

llum, foc

Lumiére, feu

Luce, fuoco

lumina

 

 

Singular

Plural

Singular

Plural

Nom

Senex (irregular)

 

Noct-s>nocs>nox

 

Voc

senex

 

 

 

Ac

 

 

 

 

Gen

sen-is

 

noctis

 

Dat

 

 

 

 

Ab

 

 

 

 

 

Análisis y traducción:

Vivamus, Lesbia mea, et amemus et

 

rumores senum dediscamus.

 

 

Soles occidunt et revertunt, sed cum

 

lux hominis semel occidit, nox perpetua

 

advenit.

 

 

Mihi mille basia da.

 

 

 

La cantata “Catulli carmina” está compuesta por Carl Orff (siglo XX) sobre una selección de los poemas de Catulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dédalo e Ícaro

 

 

Teseo, junto con los jóvenes atenienses y la princesa Ariadna, navega de regreso a Atenas: el viento sopla favorable en las velas del barco, el sol brilla espléndido en el cielo y el mar ondulado parece una llanura de azul intenso. El héroe, que dirige el timón junto a la bella muchacha cretense, pregunta a ésta: “Dime, Ariadna: ¿qué fue de Dédalo? Recuerdo que hace muchos años partió de Atenas después de construir en mi ciudad magníficos templos y palacios, y, hasta ahora, nunca ha regresado”. Ariadna responde:

 

  •  
    • Debes saber que, cuando a mi familia y a todos los cretenses les acaeció la triste desdicha del nacimiento de mi espantoso hermano, el Minotauro, mi padre decidió que fuera encerrado en un lugar del que nunca pudiera salir. Para construir un edificio de esas características hizo venir de Atenas al más famoso de los arquitectos griegos, el sabio Dédalo, que llegó a mi reino acompañado de su joven hijo Ícaro. De inmediato se puso a dibujar el plano del Laberinto que ya conoces y en menos de un año ya estaba construido y habitado por el monstruo. Una vez terminadas las obras, en las que trabajaron más de dos mil esclavos traídos de tierras lejanas como Chipre y Egipto, el genial arquitecto pidió que se le pagara en monedas de oro el precio acordado porque quería regresar a su patria. Pero mi padre pensó: “¿Debo dejar partir a este magnífico constructor para que, con su arte inigualable, embellezca a mi enemiga Atenas y a otras ciudades y éstas puedan presumir de mejores edificios que mi poderoso reino?” Por eso, en lugar de dejarlo partir, lo encerró, junto a su hijo, en una alta torre desde donde pudiera diseñar nuevos edificios fabulosos y sorprendentes.

       

    • ¡Ingrato Minos! -dice Teseo- El pago que dio al pobre Dédalo por su trabajo portentoso fue la prisión. Pero dime, ¿aún están encerrados en la torre?.

       

    • No -responde Ariadna-. Desde el mismo día en que fue privado de libertad comenzó a pensar en la manera de salir de la torre y huir de la isla. Cuentan que su hijo le propuso lo siguiente: “Trencemos una soga y podremos deslizarnos desde lo alto de la torre hasta el suelo”. Pero su padre respondió: “Aunque consiguiéramos salir de nuestra prisión, recuerda que estamos en una isla y necesitaríamos una nave que nosotros solos no podríamos manejar. Además, los soldados del rey nos perseguirían y pronto nos encontrarían”. Toda la noche la pasó el sabio buscando una solución que no encontraba, hasta que, al amanecer, un pequeño gorrión se posó en el alféizar de la ventana y, mientras oía sus trinos, llegó a la siguiente conclusión: “Sólo podríamos salvarnos si tuviéramos alas como este pequeño pájaro: sólo así podríamos surcar los aires y regresar volando a nuestra ciudad”. Despertó a su hijo y le ordenó. “Trae las sobras de la cena de anoche”. Ícaro las trajo, él las puso en el alféizar y, al punto, acudieron aves de todas clases que revoloteaban y peleaban por el fácil alimento, de manera que, en sus rápidos y alborotados aleteos, soltaban plumas de diversos colores y diferentes tamaños, hasta que, terminada toda la comida, levantaron el vuelo. Dédalo recogió y guardó las plumas pensando: “Mañana regresarán”.

       

    • ¿Para qué quería tal acopio de inútiles plumas?-preguntó nuestro héroe.

       

    • Si atiendes, lo sabrás -respondió la princesa-, pues lo mismo preguntó Ícaro. Dédalo pidió a sus guardianes que le trajeran velas de cera para poder trabajar de noche pues, según les dijo, es por la noche cuando la inspiración le llegaba. Con ayuda de telas y de las plumas y de la cera derretida construyó dos pares de alas que asió a los brazos de su hijo y a los suyos propios. “Con estas alas -dijo Dédalo- podremos escapar volando de la isla, pero recuerda que no debes volar demasiado bajo, pues la humedad del mar puede despegar la cera; tampoco puedes volar demasiado alto, pues la cercanía del sol la puede derretir”. Así, desde lo alto de la torre saltaron al vacío y, moviendo los brazos como los pájaros, volaron por los aires.

Frederic Leighton (s. XIX) Ícaro y Dédalo

 

  •  
    • Y así escaparon -dijo Teseo.

       

    • Sí -respondió Ariadna-, pero no todo salió bien. El joven Ícaro, embriagado por la velocidad y el delicioso vértigo, comenzó a ascender por los aires, sin atender a las advertencias de su padre. Las plumas de sus alas comenzaron a desprenderse y él, en picado, cayó al mar cerca de una plácida isla y allí pereció. Desde entonces, a la isla la llamamos Icaria. Dédalo, desesperado por la muerte de su hijo, siguió volando sin rumbo hasta que, agotado, puso pie en una lejana playa, cerca de la ciudad de Cumas, y allí, según cuentan, se quedó a vivir y ha construido un fabuloso templo al dios Apolo.

 

Teseo, emocionado por el triste fin de Ícaro, siguió dirigiendo el timón con la mirada puesta en el horizonte a la espera de divisar alguna isla para reponer agua y alimentos. La mirada de Ariadna sólo se dirigía, llena de amor, al apuesto hijo de Egeo.

“La caída de Ícaro”, de Jacob Peter Gowy (s. XVII).

Isla de Icaria, en Grecia.

BAETICA-2

 

FACTORES DE ROMANIZACIÓN:

 

3. El urbanismo

 

Las ciudades de culturas que se desarrollaron antes que la romana no se distinguieron precisamente por el orden y la planificación urbanística, sino más bien por lo contrario. Para un extranjero, deambular por una ciudad griega o fenicia suponía un verdadero problema: calles tortuosas, edificios públicos dispersos, malos servicios de agua y mercados, etc.

 

El diseño urbano de las ciudades romanas sigue unas pautas necesarias para el correcto funcionamiento de los servicios públicos y militares.
 
Básicamente, la ciudad romana está compuesta por una serie de módulos iguales, distribuidos ordenadamente -paralelos y equidistantes- y separados por calles. Entre todos forman un conjunto de diseño rectangular que está rodeado por una muralla perimetral con torres de vigilancia. Todas las calles son iguales, excepto dos: la que va del norte a al sur -cardo maximus- y la que va del este al oeste -decumanus-, que son más anchas y que terminan en las únicas cuatro puertas que tiene la muralla.
 
En el cruce de estas dos calles se ubican el
foro de la ciudad y el mercado.
 
Con estos módulos se diseñan los edificios públicos, el
anfiteatro -dos módulos de largo y uno y medio de ancho-, el teatro -un módulo-, el mercado -un módulo-, el conjunto del foro -dos módulos-, etc.
 
Estas normas urbanísticas se desarrollan durante casi 10 siglos, creando las distintas ciudades.
 
Dentro de las ciudades, los tipos de vivienda se dividían en:
casa, domus, la insula y la villa. También existieron las casae o viviendas de esclavos y clases bajas, que por sus precarios sistemas de construcción, hoy han desaparecido. Además aparecieron grandes edificios comunitarios como las basílicas, las termas y los importantes conjuntos socio culturales y religiosos llamados foros. (texto obtenido de http://www.spanisharts.com/arquitectura/roma_urbano.html)

 

En el siglo II d.C., por ejemplo, cualquier ciudadano de Corduba podía pasear por Londinium o por Volubilis y, a ratos, le podría parecer que no había salido de su ciudad.

 

La mayoría de las ciudades fueron “refundadas”, es decir, adaptadas a las necesidades de los habitantes y, en especial, de los colonizadores itálicos que se instalaban en ellas. De esta manera, poblaciones como las actuales Córdoba, Tarragona o Zaragoza fueron romanizadas.


 

LÉXICO

amphiteatrum   insula  
aquaeductus   macellum  
basilica   moenia  
cardo   pomerium  
cisterna   templum  
decumanus   theatrum  
domus   thermae  
forum   turris  

 

¿Quomodo haec verba lingua tua dicis?

Puente romano de Córdoba

 

 

 

BAETICA-1

 

 

Departamento de

LATÍN

BAETICA-1

 

INTRODUCCIÓN: El territorio que los romanos

llamaron Baetica y convirtieron en provincia romana

con capital en laciudad de Corduba toma su nombre

del río Baetis, actualmente Guadalquivir (del árabe

wad-al-Kibir”).

 

No coincide con exactitud el territorio de la Bética, como podemos ver en el mapa, con el de la actual comunidad autónoma de Andalucía: algunas comarcas de las actuales provincias de Jaén, Granada y Almería estaban incluidas en el territorio de la provincia Carthaginiense, con capital en Carthago Nova (Cartagena). Por otra parte, comarcas de las actuales provincias de Ciudad Real y Badajoz y del sur de Portugal estaban incluidas en la Baetica.

 

Como hemos estudiado recientemente, los pueblos de esta provincia y los de Hispania en general estaban muy lejos de ser homogéneos: iberos, fenicios y cartagineses eran los principales habitantes de la costa andaluza y del valle del Guadalquivir. Además, cada ciudad era independiente y tenía su propio gobierno, su territorio, sus costumbres y sus instituciones. El grado de desarrollo económico y cultural era también diferente. Los gobiernos eran más homogéneos: en todas las ciudades había un sistema oligárquico en el que el poder supremo lo ejercía una minoría aristocrática dominante.

 

En el año 297, la provincia estaba dividida, para su mejor administración, en cuatro “subprovincias “ llamadas “conventus” : Cordubensis, Hispalensis, Astigitanus y Gaditanus (éste último ocupaba la administración de todas las ciudades costeras).

 

Alrededor del año 175 a.C. todo el territorio bético había sido conquistado por los romanos, es decir, siglo y medio antes de que finalizara la conquista de toda la península en el 19 a.C. Esto quiere decir que, mientras algunos pueblos del centro y del norte de Hispania apenas habían comenzado a salir de su estado tribal, en las ciudades béticas ya sólo se hablaba latín y la mayoría de sus habitantes eran romanos de pleno derecho, lo que suponía poder ejercer magistraturas de cualquier categoría, incluido el consulado (es decir, el poder ejecutivo en la propia ciudad de Roma). Se está de acuerdo en que, de todas las provincias del Imperio, la Bética fue, aparte de Italia, la más profundamente romanizada.

 

La rápida y profunda romanización del territorio de la Bética se debió a diferentes factores que vamos a comentar:

FACTORES DE ROMANIZACIÓN DE LA BÉTICA:

1. Las riquezas naturales: Para los romanos, la conquista de la Bética fue de gran importancia desde el punto de vista económico, debido a a) las explotaciones mineras que aportaban metales necesarios para la elaboración de múltiples productos, como, por ejemplo, las armas

b) la gran reserva de madera que proporcionaban las sierras andaluzas, que, por entonces, estaban cubiertas de espesos bosques c) la necesidad de importar también productos elaborados de gran consumo, en especial el aceite y el vino, también cereales y, sobre todo, los pescados en salazón y el garum que en las costas andaluzas se producían en gran cantidad siguiendo las técnicas aprendidas de los fenicios. Todo ello impulsó las relaciones comerciales entre romanos y los pueblos béticos, que pronto aprenderían el idioma del invasor.

 

  1. Los intereses de las oligarquías locales: las clases dominantes pactaron inmediatamente con los invasores el sometimiento a las directrices de Roma a cambio de mantener sus privilegios de clase e impulsaron una educación en latín para ellos mismos y para todos los habitantes mediante la creación de escuelas públicas. El latín fue lentamente sustituyendo a las lenguas locales, que acabaron por desaparecer, convirtiéndose pronto en el idioma único. Cuando alguna ciudad no aceptaba el tratado de “amistad” con Roma, era sometida por la fuerza, a veces con gran violencia, como le sucedió a la ciudad ibérica de Astapa (Estepa, Málaga).(Continuará)

                                   

                                                 Situación de la provincia “BAETICA” en el Imperio Romano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las hijas de Nereo

   Las ninfas son divinidades menores femeninas que habitan el campo, los bosques y las aguas. Personifican la fecundidad de la naturaleza. Habitan en grutas y frecuentemente forman parte del cortejo de alguna diosa como Ártemis. Existen ninfas de diversas categorías, según habiten en los bosques, fuentes o el mar. Intervienen en numerosas leyendas y tienen amores con dioses y mortales.

Las nereidas son las ninfas (nymphae) del mar, de las que se conocen más de setenta nombres, todas hijas de Nereo (Nereus), antiguo dios marino que fue relevado en sus funciones por Poseidón (Neptunus), que tomó como esposa a una de ellas, Anfítrite (Amphitrite). Algunas participan en famosas leyendas, como Tetis (Thetis), madre del famoso héroe Aquiles, Galatea (Galatea), de la que se enamoró el cíclope Polifemo, o Yanira (Ianira) que ayudó al héroe ateniense Teseo (Theseus).

Teseo era hijo de Egeo (Aegeus), rey de Atenas, aunque en realidad había sido engendrado por Poseidón (Neptuno). Siendo muy joven se presentó voluntario ante su padre para formar parte de una siniestra expedición: siete muchachos y siete doncellas debían ser enviados al rey Minos de Creta para que sirviesen de alimento al monstruo del Laberinto, el Minotauro. Este tributo de Atenas a los cretenses se había impuesto tras la victoria de Minos en la guerra contra Egeo. Teseo quería formar parte de la expedición con la seguridad de que acabaría venciendo al monstruo y así liberaría de esta ignominia a su ciudad.

Durante la travesía en barco, el rey Minos, que dirigía personalmente la expedición, se enamoró de una de las doncellas y quiso unirse a ella por la fuerza, pero Teseo la defendió. El rey alegó que él era hijo del mismísimo Zeus (Iuppiter) y podía imponer su voluntad, a lo que Teseo respondió que él también tenía origen divino, ya que era descendiente de Poseidón. Incrédulo, Minos arrojó un anillo al mar y le dijo: “Si eres hijo del dios del mar, él te ayudará a encontrar este anillo”. Teseo se sumergió en el mar y nadie esperó que pudiera regresar, por lo que la nave siguió su curso.

Pero en el mar encontró a la ninfa Yanira que le condujo hasta el trono de Anfítrite, quien le entregó el anillo que buscaba y una corona de oro. Teseo volvió a la superficie con el anillo en la mano y la corona de oro en la cabeza y así demostró su condición de héroe de ascendencia divina.

Yanira también formaba parte del cortejo de la hija de la diosa Ceres, Proserpina, cuando ésta fue secuestrada por el dios de los infiernos, Plutón.

Neptunus nymphas et delfinos mittit ut nautis

 

viam monstrent.

 

 

Ianira Theseum ducebat ut anulum aureum

 

in tenebroso fundo pelagi inveniret.

 

 

Aegeus cogitabat: “Utinam filius meus carissimus in Creta Minotaurum vincat

 

et vitas puellarum et puerorum ex morte horrifica solvat!”

 

 

Magister dicebat: “Discipuli, fabulam Thesei magna cum delectatione proxime legamus”.

 

VOCABULARIO:

anulus

 

invenīre

 

aureus

 

mittĕre

 

ducĕre

 

monstrāre

 

fundus

 

pelagus

 

 

EVOLUCIÓN:

 

Los verbos que terminan en -ĕre suelen producir en castellano verbos de la tercera conjugación: mittĕre > “mitir” ducĕre > “ducir”. Pero estos verbos no existen en castellano como simples; encontremos algunos compuestos:

 

mitir”

ducir”

 

 

 

 

¿Cómo evolucionan al castellano los siguientes nombres?:

Aurum

 

Fundus

 

Pelagus

 

 

                Fuente dedicada a las Nereidas en Buenos Aires. Escultora: Lola Mora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teseo en Creta

 

TESEO EN CRETA

 

Cuando Teseo partió de Atenas con el triste cargamento de jóvenes que debían servir de alimento al Minotauro en Creta, su padre, el rey Egeo le había dicho: “Tu nave llevará una vela negra como negras son las lágrimas de las madres angustiadas. Si regresas con vida, cambia la vela negra por otra blanca y yo sabré, al verla llegar, que regresas con vida”.

 

De este modo llegó la nave a Cnossos, capital del reino del cruel Minos, en donde los jóvenes desembarcaron y emprendieron su marcha hasta ser recibidos en palacio. Allí, el propio Minos, acompañado por su esposa, la reina Pasífae, y sus hijas, Ariadna y Fedra, decretó que los muchachos y las muchachas, incluido el propio Teseo, serían entregados uno a uno a las fauces del monstruo.

 

El Minotauro, mitad hombre y mitad toro, estaba recluido en el Laberinto, un edificio con tantas galerías y tantas vueltas y revueltas que era imposible salir de él. Allí eran introducidas las víctimas para ser devoradas.

 

Teseo pidió ser el primero en entrar, a lo que accedió el rey. La belleza y el valor del héroe conmovieron profundamente a Ariadna, que decidió ayudarlo: en secreto, entregó a Teseo una espada y un ovillo de hilo que, atado a la entrada , debía ir desenrollando para encontrar la salida.

 

Con la espada y el hilo escondidos entre sus ropas, Teseo entró en el Laberinto. A cada paso que daba aumentaba la oscuridad. El silencio era total hasta que, de pronto, comenzó a escuchar a lo lejos unos resoplidos como de toro. El ruido era cada vez mayor. Por un momento sintió deseos de escapar. Pero se sobrepuso al miedo e ingresó en una gran sala. Allí estaba el Minotauro

 

Era tan terrible y aterrador como jamás lo había imaginado. Sus mugidos llenos de ira eran ensordecedores. Cuando el monstruo se abalanzó sobre Teseo, éste pudo clavarle la espada. El Minotauro se desplomó en el suelo. Teseo lo había vencido, como así se lo había prometido Poseidón.

 

Luego, enmadejando de nuevo el ovillo, llegó a la puerta del Laberinto y allí le esperaba Ariadna. La noticia corrió por toda la ciudad: Teseo había matado al monstruo.

Cuando Minos supo lo que había ocurrido, sintió un gran alivio: él detestaba al monstruo porque éste había nacido de los amores de su propia esposa con toro, como castigo decretado por la diosa Afrodita. Así que ordenó que todos los jóvenes atenienses fueran liberados y que regresaran en paz a su patria. Junto con ellos partió Ariadna, profundamente enamorada de Teseo. Éste, durante la travesía, preguntó a la bella princesa cretense: “¿Quién construyó el espantoso Laberinto?”. Ella le respondió: “¿No conoces la leyenda del sabio Dédalo? Deberías saber que este arquitecto era compatriota tuyo”. Y, a continuación, le narró la historia de Dédalo y de su desdichado hijo Ícaro.

Nombres propios:

Castellano

Latín

Castellano

Latín

Ariadna

Ariadna, -ae

Minos

*Minos

Cnossos

Cnossus, -i

Minotauro

Minotaurus

Fedra

Phaedra, -ae

Pasifae

Pasiphaa, -ae

Laberinto

Labyrinthus, -i

Teseo

Theseus, -i

 

[TESEOMINOTAURO.jpg]

                                        Teseo y el Minotauro. Dibujo de Antonio Riego.