IUS SEPULCHRI ET MANES. A D. Baltasar Garzón, con toda mi admiración y todo mi respeto.
Si consultamos el formidable DICCIONARIO DE DERECHO ROMANO publicado por Don Faustino Gutiérrez-Alviz y Armario en 1976 (I.S.B.N. 84-290-1239-7), utilizado por generaciones de estudiantes de derecho durante los últimos treinta y cuatro años, podemos leer en la entrada IUS SEPULCHRI lo siguiente: derecho de sepulcro; derecho a la utilización de una sepultura con vistas al propio enterramiento o al de las personas de la familia, con las consecuencias en orden al culto de los dioses manes de las personas inhumadas en dichas tumbas; facultad para visitar el lugar y velar por su conservación. En otra entrada, MANES, podemos leer: Manes; los dioses manes; las almas de los antepasados deificadas y vivientes.
Hoy día Don Faustino (todos le llaman así, siempre con el Don por delante) es un venerable y admirable catedrático emérito de la universidad de Sevilla. Él no lo sabe, pero su delicioso diccionario le ha sido de máxima utilidad a este modesto profesor de Latín de instituto cada vez que necesitaba comprender mejor un texto de Cicerón o de otros autores latinos o cada vez que en clase gustaba de exponer un estudio de determinados lexemas en su producción latina y en su derivación a las lenguas románicas. Una vez más nos ha sido útil: esta vez para recordar que hay derechos con tanta antigüedad como el hombre mismo y cuyo ejercicio no prescribe.
Pero, ¿qué derechos tienen los muertos? El genial Giorgio Bassani, en el capítulo prólogo de “Il giardino dei Finzi Contini”, nos da la respuesta al narrar una anécdota: en la visita a un yacimiento arqueológico cerca de Roma -un cementerio etrusco-, una niña, hija de un matrimonio amigo del escritor, pregunta por qué en ese cementerio no hay flores sobre las tumbas y su madre le responde que los etruscos murieron hace muchísimo tiempo y ya no quedan familiares ni amigos que los quieran. Al cabo de un buen rato la niña exclama. “¡Pues yo sí quiero a los etruscos!”. Bassani quedó impresionado por tan espontánea y sencilla lección de historia y decidió rendir homenaje a tantos miles de judíos italianos deportados y asesinados durante la guerra que los fascismos europeos propiciaron y convirtieron en la etapa más espantosa de la historia de la humanidad. Homenaje que se hizo carne en el monumental “Romanzo di Ferrara”. Todos aquellos que han muerto asesinados tienen derecho a la verdad, a la justicia, al honor y, por supuesto, ius sepulchri. Cualquier esfuerzo para impedir el ejercicio de unos derechos que jamás prescriben, ni siquiera después de la muerte, además de constituir un delito, supone una negra amenaza para quienes aún vivimos y no nos ponemos camisas nuevas para cantarle al sol.
No obstante, mi adicción a la empatía me impulsa a meterme en las carnes y en la sangre del juez instructor que ha conducido al siempre juez D. Baltasar Garzón a la crucifixión legal con uno no sabe qué argucias de leguleyos a sueldo. ¿Cuál es el nombre de este otro juez de bajo perfil? ¿Valera, Varela, Viruela, Videla…? La verdad, no lo recuerdo, pero se trata, sin duda, de un jurisconsulto docto y de pericia manifiesta y, sin duda, de un hombre honrado atrapado por una telaraña que otros le han tejido. Él sólo ha interpretado el papel de araña obligada a depredar. ¡Pobre hombre! ¿A quién le gustaría estar en su lugar? A quien esto escribe estar en su lugar le impediría conciliar el sueño durante toda la eternidad, si ésta existiera, que vaya usted a saber. Convertirse de la noche a la mañana en el ídolo de dictadores sanguinarios, sádicos torturadores, abominables secuestradores de bebés con padres “desaparecidos”, fascistas inveterados de brazo en alto y amenazador, cuadrillas de fusiladores al alba, terroristas locos y asesinos, enriquecidos traficantes de productos letales, pestilentes políticos corruptos… no debe de ser el sueño de un hombre honrado. Y, sin duda, el señor ¿Valera, Varela, Viruela, Videla…? es un hombre honrado. Por ello ruego de manera encarecida que no se le cuelguen medallas de oprobio en su toga ni se le disparen baldones que a otros corresponden, que bastante insomnio debe de sufrir el pobre, si es, que sin duda lo es, un hombre honrado. ¿Quiénes han impulsado a este hombre honrado a depredar? ¿A qué amenazas impías o chantajes ineludibles le habrán sometido?
No, la verdad es que no quisiera estar en el pellejo de un hombre tan honrado. ¿Algún día los otros tendrán la bizarría de dar la cara? No. No es de abyectos.
This entry was posted on Lunes, Mayo 17th, 2010 at 13:08 and is filed under General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.