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TEATRO. SÉNECA

 

LVCIVS ANNAEVS SENECA

Nació en Córdoba el año 4 a. C. en el seno de una familia distinguida en una época en que la Baetica era una de las provincias más ricas y romanizadas de todo el Imperio. Legó a Roma siendo aún niño para realizar sus estudios, en casa de su acaudalada tía Marcia y no consta que volviera alguna vez a su tierra natal. Sí parece que vivió algún tiempo en Egipto (Alejandría), en donde el marido de Marcia ocupó el cargo de gobernador, y que viajó por Grecia.

Siendo aún muy joven adoptó las ideas de los filósofos estoicos y desarrolló en todas sus obras una serie de ejemplos pragmáticos que intentaban aplicar tales ideas. No se trata, por tanto, de un filósofo creador de nuevas teorías o de una ideología original, sino de un moralista. Fue designado instructor personal del joven Nerón, al que educó en la práctica del estoicismo, pero tal instrucción sólo podemos considerarla un auténtico fracaso si analizamos la trayectoria del que luego fue emperador, quien, por cierto condenó a muerte en el año 65 al propio Séneca, que se suicidó cortándose las venas.

 

 

 

 

 

 

“La muerte de Séneca”, de Rubens.

 

El conjunto de su abundante obra en prosa es, sin duda, el legado más importante de Séneca, del que destacaremos sus “Cartas a Lucilio”, un auténtico “recetario” de cómo comportarse en cada situación desde los principios morales del estoicismo, en especial en los momentos amargos de la vida.

Su obra teatral consta de ocho tragedias, todas de tema griego e imitadas de los grandes trágicos, en especial de Eurípides.

Medea

Hercules Furens

La locura de Hércules”

Phaedra

Fedra”

Troades

Las troyanas”

Phoenissae

Las fenicias”

Oedipus

Edipo”

Agamemno

Agamenón”

Thyestes

Tiestes”

El teatro de Séneca, al igual que todo el conjunto de su obra, está compuesto para ejemplificar, usando los mitos y los temas del teatro griego, sobre los excesos cometidos por los personajes, llevados por la pasión y no por la reflexión y la aceptación serena de lo inevitable. Hasta tal punto concibe sus tragedias como textos para la reflexión que no están compuestas para ser representadas: el público romano de su época no gustaba de la tragedia, sino, en todo caso de la comedia y otros espectáculos teatrales menores. Sus obras estaban destinadas a lecturas en público en los salones de la aristocracia cultivada.

Un personaje fundamental en sus obras es aquel que asume el papel de moderador, el que intenta poner el punto de reflexión frente a la desesperación de otros; a veces es la nodriza (nutrix), como en Fedra y Medea. En “Edipo” es el anciano Tiresias. También el coro participa en la acción poniendo el contrapunto lírico frente a las partes dialogadas.

Se da la paradoja de que su teatro, a pesar de no estar concebido para ser representado, fue, mucho más que el de los grandes trágicos griegos, el auténtico origen de la tragedia en las lenguas modernas y su influencia fue decisiva incluso en autores del siglo XX como Unamuno (“Fedra”), Anouilh (“Medea”), Brecht (“Antígona”) o Salvador Espriu (“Otra Fedra, por favor”).

Algunos argumentos:

OEDIPVS: Edipo, rey de Tebas y supuesto hijo del rey de Corinto, descubre poco a poco la verdad de su vida: es, en realidad, hijo de Layo, el anterior rey de Tebas, quien, debido a un oráculo de Delfos, que había predicho que su propio hijo lo mataría, decidió matarlo al nacer. Edipo, sin embargo, sobrevive y es adoptado como hijo propio por el rey de Corinto. Luego Edipo, sin saber con quién luchaba, mató a Layo y se convirtió en rey de Tebas desposándose con su propia madre, Yocasta, con quien tiene cuatro hijos. Al saber todo esto, se arranca los ojos y se convierte en un mendigo ciego y errante.

La actriz Silvana Mangano como Yocasta en la película “Edipo rey”, de Pier Paolo Pasolini.

MEDEA: La princesa, hija del rey bárbaro de Cólquide, había ayudado a Jasón a robar el vellocino de oro. Medea, consagrada al culto de la diosa infernal Hécate, practica la hechicería. El vellocino serviría para que Jasón reconquistara el trono de Yolcos, arrebatado por su tío Pelias, pero éste se niega a devolvérselo. Medea pone en acción sus poderes mágicos y consigue asesinar a Pelias. Pero los habitantes de Yolcos, espantados por el asesinato, destierran a Jasón y a Medea junto con sus dos hijos, que recorren las ciudades griegas como vagabundos, hasta llegar a Corinto, el donde el rey Creonte ofrece la mano de su hija Glauca a Jasón. Éste acepta, pero para ello tiene que deshacerse de Medea y quedarse con sus hijos. Medea trama su venganza: finge comprender y aceptar los planes de Jasón y regala un manto de bodas a Glauca, que arde y la quema viva. Jasón, espantado, intenta recuperar a sus hijos, pero Medea los mata ante la mirada horrorizada de su propio padre. La acción comienza en el momento en que Medea está urdiendo su venganza contra Jasón.

Medea, por Frederick Sandys (s. XIX)

PHAEDRA: La joven Fedra, hija del rey Minos, es la esposa de Teseo, rey de Atenas, pero está enamorada de su hijastro Hipólito, que la rechaza espantado de las pretensiones de su madrastra. Fedra se venga de este rechazo haciendo creer a Teseo que Hipólito la ha violado. Teseo, en un arrebato de ira, solicita a Neptuno (Poseidón), quien le había concedido la realización de tres deseos, la muerte de su propio hijo. Hipólito, mientras practica la carrera de carros junto a un acantilado, es alcanzado por una ola enorme que lo hunde en las profundidades del mar. Fedra, horrorizada y arrepentida, se suicida dejando por escrito la confesión de su delito. Teseo queda desesperado.

Ana Belén en el papel de Fedra

OCTAVIA. Esta tragedia es anónima, por más que algunos críticos se empeñen en atribuirla a Séneca. Se trata de la única “praetexta” que conservamos. Entre los personajes aparece el propio Séneca, quien se encarga de aportar el punto de reflexión frente a la desesperación de Octavia, esposa de Nerón, que ha sido repudiada por éste para contraer matrimonio con su amante Popea. Nerón destierra a Octavia a la isla de Pandataria, en donde finalmente es condenada a muerte, a la edad de veinte años, bajo la falsa acusación de adulterio.NERÓN

 

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