Teseo en Creta
TESEO EN CRETA
Cuando Teseo partió de Atenas con el triste cargamento de jóvenes que debían servir de alimento al Minotauro en Creta, su padre, el rey Egeo le había dicho: “Tu nave llevará una vela negra como negras son las lágrimas de las madres angustiadas. Si regresas con vida, cambia la vela negra por otra blanca y yo sabré, al verla llegar, que regresas con vida”.
De este modo llegó la nave a Cnossos, capital del reino del cruel Minos, en donde los jóvenes desembarcaron y emprendieron su marcha hasta ser recibidos en palacio. Allí, el propio Minos, acompañado por su esposa, la reina Pasífae, y sus hijas, Ariadna y Fedra, decretó que los muchachos y las muchachas, incluido el propio Teseo, serían entregados uno a uno a las fauces del monstruo.
El Minotauro, mitad hombre y mitad toro, estaba recluido en el Laberinto, un edificio con tantas galerías y tantas vueltas y revueltas que era imposible salir de él. Allí eran introducidas las víctimas para ser devoradas.
Teseo pidió ser el primero en entrar, a lo que accedió el rey. La belleza y el valor del héroe conmovieron profundamente a Ariadna, que decidió ayudarlo: en secreto, entregó a Teseo una espada y un ovillo de hilo que, atado a la entrada , debía ir desenrollando para encontrar la salida.
Con la espada y el hilo escondidos entre sus ropas, Teseo entró en el Laberinto. A cada paso que daba aumentaba la oscuridad. El silencio era total hasta que, de pronto, comenzó a escuchar a lo lejos unos resoplidos como de toro. El ruido era cada vez mayor. Por un momento sintió deseos de escapar. Pero se sobrepuso al miedo e ingresó en una gran sala. Allí estaba el Minotauro
Era tan terrible y aterrador como jamás lo había imaginado. Sus mugidos llenos de ira eran ensordecedores. Cuando el monstruo se abalanzó sobre Teseo, éste pudo clavarle la espada. El Minotauro se desplomó en el suelo. Teseo lo había vencido, como así se lo había prometido Poseidón.
Luego, enmadejando de nuevo el ovillo, llegó a la puerta del Laberinto y allí le esperaba Ariadna. La noticia corrió por toda la ciudad: Teseo había matado al monstruo.
Cuando Minos supo lo que había ocurrido, sintió un gran alivio: él detestaba al monstruo porque éste había nacido de los amores de su propia esposa con toro, como castigo decretado por la diosa Afrodita. Así que ordenó que todos los jóvenes atenienses fueran liberados y que regresaran en paz a su patria. Junto con ellos partió Ariadna, profundamente enamorada de Teseo. Éste, durante la travesía, preguntó a la bella princesa cretense: “¿Quién construyó el espantoso Laberinto?”. Ella le respondió: “¿No conoces la leyenda del sabio Dédalo? Deberías saber que este arquitecto era compatriota tuyo”. Y, a continuación, le narró la historia de Dédalo y de su desdichado hijo Ícaro.
Nombres propios:
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Castellano |
Latín |
Castellano |
Latín |
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Ariadna |
Ariadna, -ae |
Minos |
*Minos |
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Cnossos |
Cnossus, -i |
Minotauro |
Minotaurus |
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Fedra |
Phaedra, -ae |
Pasifae |
Pasiphaa, -ae |
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Laberinto |
Labyrinthus, -i |
Teseo |
Theseus, -i |
![[TESEOMINOTAURO.jpg]](http://3.bp.blogspot.com/_KsbxLdHpvZM/SetxAq8PBMI/AAAAAAAAAR0/7uhRR90I6JM/s1600/TESEOMINOTAURO.jpg)
Teseo y el Minotauro. Dibujo de Antonio Riego.
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